lunes, abril 1

Basado en hechos reales 1.0

A los nueve años ya pesaba 42 toneladas KG; no sé si me hizo más fuerte, pero sí más débil ante insultos, burlas y maneras de hundir. Solía tener una mejor amiga, de la misma estatura y gilipollez inteligencia que yo. Luego estaba la típica niña que utiliza los cinturones de su madre como mini-falda y los zapatos de la temporada pasada que a su madre ya ''nolevalen'' como cajita de tesoros. Esa típica niñita que, ya a sus nueve años, su lista de novios sobrepasa a la mismísima Taylor Swift. Ella era la tercera en discordia, pero a la vez la que nos manejaba como pequeñas marionetas, a su gana, a lo que ella quería.

Mi amiga y yo teníamos dos motes que ella mismo nos puso. ''Gorda 1'' y ''Gorda 2''; yo era la número dos por que, como ella decía, mi amiga tenía más esperanzas de ser alguien que valiera la pena. Se pasaba las clases dibujando y escribiendo cosas en pequeños trozos de papel que luego, más tarde, en el (infierno) recreo, nos repartiría a cada una. En ellos ponía lo que debíamos comer al llegar a casa, la ropa apropiada para nuestros gordos y rechonchos cuerpos y los ejercicios que nos tocaba hacer en ese pequeño espacio de tiempo. 
Si traíamos bocadillo nos hacía dárselo, para que pudiera comérselos tranquilamente los nuestros y el suyo también, mientras nos decía que teníamos que mirarla mientras lo hacía y alabar la elegancia con lo que lo hacía, algo vulgar. 
Después de su dulce tortura, venganza según ella por haber nacido con más capacidad que nosotras por tener un cuerpo bonito; tocaba hacer la maldita lista de ejercicios. A mi amiga tres vueltas enteras al colegio y cincuenta abdominales y como premio una cookie (like a bitch.) A mí, como era la más horrenda de las tres privilegiada me hizo pasarme todos los patios del curso dando vueltas y vueltas al maldito edificio color vainilla que era el puto colegio. Acabé por saberme de memoria todos y cada uno de los escorchos que tenía la pared, todos los bultos y abolladuras que deberían haber arreglado hace varios años pero que, seguramente hoy en día siguen ahí; los cuarenta escalones de la entrada al gimnasio y las tres rampas de la entrada, las dimensiones de la sosa cajita de arena y los escondijos de las más ''pijas'' sin clase. La diferencia estaba en que yo no tenía premio, mi premio era no estar cerca de esa bruja en todo el recreo, mi premio era llegar a casa y encerrarme entre sábanas con las malditas notitas de esa querida ''entrenadora personal'' en las manos a pensar si valía la pena volver a la mañana siguiente a ese vertederos de huesos y poca grasa. 

Una vez nos hizo decir nuestro peso en voz alta; yo y mi problema con la sinceridad, lo dije sin ningún pesar, simplemente con vergüenza por tener unas cifras tan altas a esa baja edad, INGENUA DE MI al escuchar las cifras de mi amiga. Mintió, claramente me dejó como la sebosa del colegio entero, sus secuaces ''amiguitos'' empezaron a cebarse de insultos conmigo, como los buitres cuando ven carroña fresca en medio del desierto. El resto del curso, en los recreos me los pasaba encerrada en las duchas del baño, comiendo angustiosamente la petite baguette que mi mami me había hecho con tomate, york y queso ''- Hoy te he hecho tu bocadillo favorito, amorcito - me dijo mi madre'' a duras penas pude comérmelo seco, sin que mis jodidas lágrimas llegaran a la miga.


Esa época acabó cuando la chica vió que se ''merecía'' unas amigas más acordes a su estilo, unas amigas que tuvieran la piel de la barriga pegada a la de la espalda sin ni un bendito gramo excesivo de pura  grasa animal. La diferencia fue que la que era mi ''amiga'' adquirió su visión del mundo idílico lleno de anoréxicas personitas malvadas y punzantes insultos, yo me quedé sola, en mi mundo de chocolates, galletas y obesidad sin fin. 

Épocas que poquísima importancia parecen tener pero que permanecen aún en mi mente y hacen de mi lo que soy hoy, no se borrará, gracias a esa puta Barbie babosa por los capullos ya a temprana edad quien se digne a decir una sola palabra mala de mi se las verá con la peor parte, aunque por dentro me destroce como los castillitos de arena cuando la marea sube.


martes, marzo 5

Camino, sola, por calles llenas de almas, de gente, de opiniones, de prejuicios... En la primera esquina a la derecha una pareja de dos jóvenes con el pelo de colores parece estar pasándolo bien; la gente los mira extrañados SON DOS CHICOS pero eso, en estos tiempos que corren ya causa bien poca impresión. Apasionados besos en el cuello, mordisquitos que ponen la piel de gallina y caricias que, ya me gustaría ser yo quien las recibiera.

Me siento fuera de lugar, como si yo no debiera estar aquí; las punzadas de mis costillas me recuerdan que estoy viva, que esto no es uno de mis efímeros delirios, que respiro, que siento, que estoy viva. Nada me retiene en cambio, nada me impide desaparecer, nada me impide seguir adelante con mi plan de autodestrucción; el botón ya fue pulsado en su día. Alguien que poco a poco va cavando su propia tumba.

Soy como una escarcha de hielo en medio del inmenso mar; fría, estúpida, miserable, pequeña que dentro de pocos minutos no será más que un simple recuerdo de lo que, algún día, llegó a ser un iceberg. 



Simples ruinas.







jueves, enero 31

Las diez y media de la mañana, estoy debajo de una estufa calienta neuronas del demonio de esas que hay en las peluquerías con un tinte rosa chillón hasta el cogote.Esto empieza a quemar tanto que tengo el presentimiento de que el cerebro se me va a derretir y así podré dejar de pensar (un rato).
Llevo aquí desde las ocho de la mañana pero vine antes porque no podía dormir; salí de casa a las cinco y cuarto de la madrugada con cosas que querer probar y ganas de salir a correr, pero en vez de hacer deporte nosédequémanera he acabado en el parque de siempre, hablando sola.


[...No estabas sola, las voces SIEMPRE te acompañan...]








jueves, enero 17

Quiebras.

Mientras contemplaba su cuerpo inmóvil no pudo evitar pensar lo bueno que seguía siendo su aspecto.era casi todo fachada, lo cierto es que no le sorprendió demasiado que su aspecto fuera lo último en estropearse.

Durante todo el tiempo que él llevaba en el hospital, ella había permanecido a las puertas de la muerte, pero no fue hasta ahora cuando la imagen de ella muerta se le vino a la cabeza. La imaginó en un ataúd, el fruncido forro estudiadamente combinado con el tono de su ropa, sus altos tacones de punta apuntando desafiantes hacia arriba en el extremo inferior, y el anillo conmemorativo de su graduación destellando entre sus dedos cruzados, mientras una fila de dolientes aguardaba ansiosa por ver su cadáver.






martes, enero 15

I cry alone
Cry nobody notices it
I'm lonely eternally
I can live only here

I look up at the sea
But i see nothing
I swam to upper
But i cannot live there

I hate myself and have to die
I hate myself and have to die
I hate myself and have to die
I can't suicide suck in the xxx fuck in the xxx

I hate myself and have to die
I hate myself and have to die
I hate myself and have to die
I can't suicide suck in the xxx fuck in the xxx

I don't know my figure
Because i see nothing
Can you see my figure?
How can you see me?
I mind it
Am i beautiful?
Am i very ugly?
Surely i'm awfully ugly

I hate myself and have to die
I hate myself and have to die
I hate myself and have to die
I can't suicide suck in the xxx fuck in the xxx

I hate myself and have to die
I hate myself and have to die
I hate myself and have to die
I can't suicide suck in the xxx fuck in the xxx

この しはい を こえる やみ ひかり の はて ないて かこ でさえ みえぬ きみ の すがた 
この みらい を こえる やみ ひかり は はて から まわる こたえ くうきょ に うかぶ りそう は

I miss you i miss you
I miss you この やみ に きえ
 I hate myself and have to die
I hate myself and have to die
I hate myself and have to die
I can't suicide suck in the xxx fuck in the xxx

I hate myself and have to die
I hate myself and have to die
I hate myself and have to die
I can't suicide suck in the xxx fuck in the xxx

I hate myself and have to die
I hate myself and have to die
I hate myself and have to die
I can't suicide suck in the xxx fuck in the xxx

I hate myself and have to die
I hate myself and have to die
I hate myself and have to die
I don't understand even a living meaning

この しはい を こえる やみ ひかり の はて ないて この ち さえ とどか ぬ おもい
で そめる この みらい を こえる やみ ひかり は はて から まわる おもい りそう は この み と おぼれ

泣いて 泣いて 泣いて

viernes, enero 11

Muddy Cult.

Frío, nada más sentía frío; fuera invierno, verano o primavera. No hay muestras de cariño, incluso las calles rezuman mierda que sale de las alcantarillas, vuelvo a casa después de pasarme tres horas entre sudorosos hombres comprando herramientas y mirando extrañados a una ''señorita'' comprando martillos y clavos en una ferretería, eso suele ser trabajo del marido ¿o no?

Mi calle está húmeda, ha llovido hace bien poco por lo que parece, los niños juegan con sus botas en los charcos *REBIÉNTALES LA CABEZA* por ese pensamiento vendrán un par de puntos de sutura; subo al ascensor que me marea, como cada puto día de esta amarga existencia, entro en la habitación que parece ser mi casa. Todo está patas arriba, la ventana abierta de par en par, la cocina llena de harina, huevos, mejunje que, a saber a que pertenece, el que ha entrado a revolverlo todo se ha dejado un pedazo de brazo en la puntilla donde suelo colgar los paños de cocina y medio desangrándose se ha ido por la puerta; la escena a decir verdad es graciosa.

Dejo la bolsa en el suelo; contiene clavos, un martillo, una sierra y unos alicates; hoy habrá fiesta en casa.
FRÍO. FRÍO Y MÁS PUTO FRÍO. Joder con esta mierda.

Cojo una silla y voy hasta el baño, la sitúo frente el lavabo; queda a la altura justa para verme en el espejo y así poder apreciar la preciosa cara de zombie que llevo, normal, dos semanas seguidas sin dormir. BUEN RÉCORD, Johanna. Lo saco todo de la bolsa, lo cual cae dentro del lavabo, me hago una coleta alta con mi largo pelo rojizo, tijeretazo y a la altura de la nuca; máquina y rapado al cero; sonrío. Qué delirio de vida.

La sierra brilla gracias a los focos blancos del baño. Esto va a doler. Cojo la sierra y la pongo a la altura de mi frente. Vamos a ver lo que se cuece por la materia gris de la puta de Johanna. Tajo, corte, martillazo, serrar, tajo, corte, martillazo, serrar; así una y otra vez hasta que mi cráneo se abre como un baúl dónde se guardan los recuerdos más dolorosos. Mi traje está lleno de porquerías, sangre y demás fluidos que ni yo misma sé de dónde salen, me miro al espejo, sonrío. ahora van los clavos y los alicates, empiezo clavando unos cuantos en lo que sería la parte de los recuerdos, duele, sonrío. Otro en el amor fraternal, ese no duele tanto, hace demasiado que ya no uso esa parte.. Quizás sería mejor arrancarla de mis entrañas y c'est fini.

Mi reflejo sonríe pero yo me estoy muriendo de dolor, tiemblo, tengo miedo. Estoy en un baño lleno de sangre y pelo, con la casa hecha una pocilga, el cráneo medio abierto y sonriendo como una puta loca. 
Con los alicates toqueteo un par de células nerviosas del cerebelo, duele; flashes vienen a mis ojos como recuerdos lejanos pareciendo que fueron hace solamente unos minutos, el ingreso al hospital, el alta a los varios meses, la recuperación y la vida feliz que conseguí volver a llevar y finalmente, un haz de luz gigante con las letras en neón RECAÍDA. 

 

 











Pitidos vienen a mis oídos, he caído al suelo y mi cerebro se resbala hasta el frío azulejo del baño como el vino de una copa derramándose lentamente. Duele, sigo sonriendMUERTE. 


 ...DESPERTAR...


martes, enero 8

Saiside Paradise.

En un sitio lleno de paredes, sábanas azules o rosas, con color a elegir; las suites solo tienen cuatro paredes, una cama y una pequeña ventanita a la altura de las pirámides, de día es el único sustento de luz y a eso de las ocho de la tarde se encienden los focos, blancos, que hacen que esto parezca una nave industrial donde se guardan los cadáveres una vez listos para hurgar en sus entrañas y practicarle lo comunmente llamado autopsia.

Hace varios meses que estoy aquí encerrada, no puedo pensar por que en cuanto lo hago, la señorita vestida de puta enfermera me da tres píldoras; la azul, para la mierda de cabeza que tengo; la amarilla, para las ''ganas de comer'' y la más kawaii, la rosa, para dejar de hacer carreteras en mis brazos y piernas. Ellas siempre intentan maquillar toda esta mierda que por aquí dentro se huele. Me han situado en la habitación del fondo del pasillo, la puerta tiene cuádruple cerradura (para más seguridad) y la ventana rejas de color burdeos que yo expresamente hice pintar.

Solo nos dejan salir una vez a la semana y eso si ellas creen que estamos lo ''suficientemente cuerdas'' como para estar rodeada de árboles y ser autosuficientes. Justamente lo que a mi me falta; CORDURA.

No sé como llegué aquí, no sé quien me trajo ni sé como cojones me descubrieron; echo de menos llegar a casa a las tantas y que nadie me espere con un plato rebosante de comida en la mesa ni con un café calentito, tumbarme en la cama a escuchar el griterío de gente, a darme largos baños de espuma con el incienso puesto y despertar como otra yo. Ir por la calle, que me miren, que me sonrían, que los niños pequeños me confundan con su mamá y se asusten, que me miren raro por mi color de pelo, que me pregunten de dónde es mi bolso o mi pamela y que el taxi me deje justo en frente de los grandes centros comerciales.

Hace tiempo que dejé de ser yo, dejé de llevar y seguir el camino por el que quería caminar, de su mano, de esa mano que tanto tiempo me ayudó a levantarme de cada puta vez que me caía; una y otra vez, una y otra vez... Hasta que esa mano se desvaneció, caía y nadie me recogía, a pedazos iba hasta la cama a recomponerme hasta el día siguiente y así uno y otro día, semanas incluso años.
Mi pelo hace meses que está del mismo tono rojizo de la última vez que salí de la peluquería, aunque ahora me llega casi a la cintura, esa a la que esa mano tanto gustaba acariciar (BASTA DE TONTERÍAS) también hace meses que ese precioso bolso de LV que me costó mi primer sueldo de un año entero se estará llenando de polvo en el ático de Papá; mis uñas tampoco tienen color y mi cara resplandece como un espectro de lo pálida que está, necesito mis carmines, mis bases, mis sombras, mis eye liner, mi maquillaje, mi felicidad. Pero para eso necesito estar bien...

O al menos a p a r e n t a r l o . . .

Todo el maldito lugar huele a esa bazofia frita a la que por aquí llaman ''comida''; en la suite de mi derecha hay una chica que cada noche aporrea las paredes y grita como una gatita en celo; según he descubierto es una suicida experta; ha sido ingresada seis veces antes de venir a parar aquí, tiene una camisa de fuerza color rosa pastel con las correas moradas, sus colores favoritos, pero ella no lo recuerda, no recuerda nada de su pasado ni nada de su vida; todo lo de su habitación lo eligieron sus queridos padres; esos que quieren tanto a una hija que la encierran en un maldito psiquiátrico hasta que tenga la suficiente fuerza para quitarse la camisa y rebanarse el cuello como la piel de una manzana.