lunes, diciembre 31

Monstruos.

Abro los ojos, la cama está desecha, huele a sexo, alcohol, polvo de última hora, condones de 
emergencia y la característica embriaguez de mi querida compañera de delirios, 
el suelo está lleno de colillas y la cocina parece un estercolero. No recuerdo nada de anoche. Niebla. 
Otra vez me encuentro encerrada entre estas cuatro paredes, no sé que hacer, no sé a dónde ir...
Lo único que se oye en este piso son las bocinas de los coches ajetreados haciendo las últimas compras y
la alegoría de la gente júbiles y felices por que es navidad. 
 
Me levanto de la cama, nada aquí dentro tiene sentido alguno. Enciendo un cigarrillo y pongo la tetera 
en el fuego, tengo hambre pero si veo un trozo de algo parecido a comida sé que acabaré en el baño.
 Mareo. ¿Qué pasa?. Mareo. ¿Por qué ahora?. Mareo. Llanto. Mareo. Caída.
 
Estoy tirada en el suelo, con el cigarro en la mano y llorando como una desquiciada. AHORA NO. [...]
 
Han pasado quince minutos desde que me levanté de la cama, la tetera está pitando pero parece que
no me importa, miro a mi alrededor. Desconcierto. ¿Qué está pasando?. Mareo. ¿Dónde estoy?. Desvaríos.  
Otra vez no. M a r e o.  
 
Me encuentro encerrada en el baño, el pestillo está echado, como si alguien fuera a verme... Hace meses 
que no recibo una maldita visita. Tengo un cigarro encendido en la boca, un bote de pastillas vacío en el lavabo y
en la mano derecha un cuchillo, ese cuchillo que guardo en el mueble bar de al lado del balcón, ese con el que
 me corté la primera, la segunda y la tercera vez. Mareo. Quiebra. Mareo. NO, AHORA NO. Desvarío. 
 
Fundido en negro.


Vuelvo en mi, estoy tumbada en la cama, arropada hasta el cuello. Mareo. Levanto un poco la cabeza 
e inclino el cuerpo hacia delante. Dolor. Noto punzadas en las costillas, la cabeza me da vueltas y 
mis piernas tiemblan como dos témpanos de hielo.
 
El sol aún brilla alto en el cielo, deben ser las tres del medio día. Punzada. Hay una taza con restos de té 
en el fregadero y todo parece en orden; no recuerdo haber bebido, no recuerdo haberme tumbado, 
no recuerdo haber recogido la casa, no recuerdo nada
 
Intento levantarme para mirar por mi ventana pero duele. Mareo. Miro a mi alrededor, todo está lleno de sangre. 
Niebla. Los de la última vez aún escuecen y puedo notar como las costras se abren a cada movimiento. Mareo. Delirio. 
 
Mi cabeza parece un tiovivo, incluso parece que puedo oler el algodón de azúcar y las galletas recién hechas. 
Caigo. Desvarío. Locura. No, otra vez no. Parece que los monstruos volvieron a ganar esta batalla.
 Mareo. Caída. 
 
 

miércoles, diciembre 26

Milésimas de segundo fuera de mi.


 


Hace frío, nieva, mucho, a penas hay gente en la calle y se puede oler la leña quemándose a unos 180 grados centígrados en las chimeneas de la gente, pero yo para no perder costumbres; he decidido salir a dar un paseo junto a mi hambruna, agonía y querida soledad. En el parque hay niños, abrigados hasta la cabeza, con gorritos, bufandas y guantes mal hechos, de esos preparados por la abuela y que Papá Noel, con mucho gusto, pone cada año bajo el árbol; van tan abrigados que parecen pequeños cerdos cebados preparados para la cena de Navidad. Recuerdo que yo también venía cada año aquí con toda la família, antes de... CAER.

Todos parecen felices y no gracias a unos cuantos gramos, aunque a un par le harían buena falta. Me pesan los pies y las heridas de ayer aún no se han cerrado bien, siguen suturando, abiertas... Me apetece meter los dedos y hurgar; hurgar en lo más profundo de ellas, hasta llegar a algo parecido a ''mi alma'', para ver si así siento algo, últimamente soy como un incorpóreo, alguien sin alma, sin sentimientos, un ser  inerte. Hoy es Navidad y en casa, seguramente, estarán todos preparando la mesa a punto de empezar a cenar sin esperarme, total, ¿quien esperaría a la ''bulímica y suicida de mierda''? 

Sin darme cuenta estoy a unas cuantas manzanas de mi edificio pero he llegado a un sitio que su simple presencia me gusta, todo está en ruinas; como yo. Me siento como en casa, una sensación que hacía tiempo no sentía, tengo toda la piel erizada pero... no sé por qué motivo tengo la sensación de que ya he estado aquí antes. Echo la vista atrás y vuelvo sobre mis pasos, hacía ese piso lleno de humedad y grasa, a mi pequeña prisión de cuatro paredes. 

Durante el camino de vuelta voy pensando en lo que haré al llegar; haré un poco de café y podría comerme una manzana pero creo que volveré a lo mismo de siempre, esto no me lleva a ningún sitio. Estoy delante del portal de mi edificio pero no sé si abrir la puerta o echarme a correr hacia un pub y beber hasta olvidarme de que existo, creo que aún tengo whiskey y ron en casa, puedo montarme la fiesta sola en casa, esta vez esconderé el cuchillo. El chico del tercero aparece de repente por la esquina, parece contento; me da las buenas noches con una sonrisa y me ofrece pasar delante suya, sé que me ha mirado las muñecas, sé que escucha mis arcadas cada bendita vez que entro en el lavabo, pero aún así hace como que no pasa nada; este chico me gusta, pero yo no soy así.

Abro la puerta chirriante, todo sigue donde estaba cuando salí de aquí, la cama sigue deshecha y la cocina sigue rezumante de porquerías, aún hay sangre en la ventana y mi intento de desayuno sigue sin moverse de la mesa. Me quito la ropa, quedándome así en ropa interior y dejando a la vista todos y cada uno de mis puntos débiles, me acerco hasta el baño y me miro en el espejo; CONTAMINADA. Me siento sucia por haber salido a la calle, sucia por haber creído que ver a los demás sonreír me haría sonreir a mi también, sucia por estar aquí sola pensando en mil y un maneras de acabar con esto y no estar con lo que parece ser ''mi família''. Al volver a mirar mi reflejo en el espejo cae de mis ojos lo comunmente llamado lágrima; pero para que todos me vean como una puta zorra suicida, estoy muchísimo mejor sola.

lunes, diciembre 24

La resaca del Champagne.

Empieza un nuevo día, siento que la cabeza me va a rebentar debe ser todo culpa de la última botella de champán rosado que este vacío hizo que bebiera. Hace frío, fuera nieva y son todo sonrisas, alegrías, regalos y chimeneas humeantes. Miro el reloj, las 8pm, he dormido más de doce horas y siento como que no hace ni cinco minutos que me tumbé en la cama junto a mis sueños de cristal, quebrados, hechos trizas... Total, ¿Ya que más da?

Abro la nevera, mi estómago ruge como si tuviera cien gatitos hambrientos en la tripa, intento de comida; fallido. Todo lo que hay en este piso me produce arcadas, creo que sería más rentable abrir la ventana, respirar el aire contaminado de esta ciudad y dejarme caer hasta el frío y duro asfalto, llenándolo todo de sangre y materia gris; intento de suicidio, fallido.

 Me desnudo, me miro, el espejo del baño me muestra un cuerpo al que no estoy acostumbrada, como siempre, juega en mi contra, los reflejos no son lo que yo quiero ver. Enciendo el grifo de la bañera mientras preparo un poco de té, me vendrá bien o al menos eso era lo que decía mi abuela siempre. La bañera ya está llena, junto a unos 5 litros de agua hirviendo, pongo un poco de sales de baño; hoy toca las rosas, aquellas que según mi médico ''harán desaparecer a los fantasmas de mi mente'', según yo ''me dejan drogada durante un rato y así no puedo pensar''. Hoy se supone que debería ir a ver a mi família, esa que me toma por loca, esa que cree que mi vida se basa en cuatro porros, un par de pastillas y mi ''polvo mágico''. Esos que me toman por PUTA.

Me dejo llevar por el agua y el olor de estamierdadecolores, huyo, me sumerjo, ''NO PIENSES'' me obliga a decir mi cabeza, los fantasmas huyen, tienen miedo de este olor.. de.. P A R A Í S O.


El pitido de la tetera me despierta, ha sido un sueño efímero, mis dedos parecen pasas, debo llevar más de veinte minutos ya que el cielo se ha teñido de un color oscuro, con todos esos puntitos brillantes, que solemos llamar estrellas; la luna está anaranjada, hoy debe irse de fiesta, hoy se ha puesto bonita.

Cojo mi té, enciendo una barrita de incienso; hoy toca olor a lavanda; me tumbo en la ventana, miro el cielo... como me gustaría ser una de ellas, deben tener una vista de la mierda de mundo que te cagas.

martes, diciembre 4

Un pedazo de mi.

Empiezas a mirar atrás, lo que un día fué ''tu vida'' y no te arrepientes de ningún paso dado...

El tiempo pasa para todos, unos tienen suerte y otros simplemente, desgracias, sinceramente este 2012 creía que iba a ser un año de esos para quemar junto el papel blanco de los cigarrillos, pero entonces llegó Septiembre...

JAMÁS había sido tan feliz como lo soy desde ese mes, me salvó la vida, me ayuda a seguir adelante, es todo lo que necesito para saber que no me falta de nada.

Empezó el mes, ya habían tonteos, ya me empezaba a llamar la atención, ya empezaba a querer verla muy a menudo, a, simplemente, recostarme en su pecho y oírla respirar, a verla sonreír, a escuchar sus carcajadas.. entonces llegaron los juegos, sus mordiscos, los moratones, los arañazos, los chupetones, los lametazos, los besos...

Cada vez iba a más, al igual que esto que estaba empezando a sentir... Si ahora me preguntaran que cual ha sido la decisión más importante de mi vida y de que cosa no me arrepentiré nunca, sin duda contestaría, de estar con alguien como tú, mi vida; me has regalado la vida y cada día me la endulzas de una manera impresionante. Tengo tanto que agradecerte que ni en siete vidas sería capaz de hacerlo.. 

Estoy enamorada, de ti, de tu sonrisa, de tus enfados, de tu risa, de tus abrazos, de tus besos, de tus piernas, de tus brazos, de tus manos entrelazándose en las mías, de tus comentarios a media conversación, de tus caras en las fotos, de tus dientes en una sonrisa de verdad, de todo lo que significas para mi.

¿Tener miedo a perderte, a no ser suficientemente buena? ¿Y? Yo sé que estoy aquí por y para ti, me da igual el sitio, me da igual la gente; sólo sé que quiero darlo todo por ti y que no me importa ni una mínima parte todo lo que tenga que hacer para que sigas aquí, a mi lado, hasta los restos de los restos.


                                                         - Johanna