Me siento fuera de lugar, como si yo no debiera estar aquí; las punzadas de mis costillas me recuerdan que estoy viva, que esto no es uno de mis efímeros delirios, que respiro, que siento, que estoy viva. Nada me retiene en cambio, nada me impide desaparecer, nada me impide seguir adelante con mi plan de autodestrucción; el botón ya fue pulsado en su día. Alguien que poco a poco va cavando su propia tumba.
Soy como una escarcha de hielo en medio del inmenso mar; fría, estúpida, miserable, pequeña que dentro de pocos minutos no será más que un simple recuerdo de lo que, algún día, llegó a ser un iceberg.
Simples ruinas.
